La fuerza del rey Uzías

15 noviembre 2008

Unas palabras de exhortación
2º Crónicas 26

Según leemos en el capítulo citado en el encabezado, Uzías “persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días en que buscó a Jehová, él le prosperó” (v. 5).
Él salió a la guerra contra los filisteos y Dios lo ayudó: “Se había hecho altamente poderoso.” Edificó torres en Jerusalén y las fortificó; construyó torres en el desierto y abrió muchas cisternas. Tenía también labradores y viñadores en los montes y en los llanos fértiles.
Además, tenía un ejército de guerreros que salían a la guerra en divisiones. “Todo el número de los jefes de familia, valientes y esforzados, era dos mil seiscientos. Y bajo la mano de éstos estaba el ejército de guerra, de trescientos siete mil quinientos guerreros poderosos y fuertes, para ayudar al rey contra los enemigos. Y Uzías preparó para todo el ejército escudos, lanzas, yelmos, coseletes, arcos, y hondas para tirar piedras. E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras” (v. 12-15).
No tenemos el propósito de hacer una descripción del poderoso ejército de Uzías, sino buscar las enseñanzas que Dios nos brinda en esta porción de la Palabra.
“Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina” (v.15b-16a). De todas las palabras que hemos apuntado, éstas últimas son, por cierto, las más notables.
Podríamos pensar que la meta que se proponía Uzías era hacerse poderoso. Desgraciadamente, el deseo natural de ser poderosos sirve para sentirnos independientes de Dios. ¡Cuántas veces los santos gimen por sus debilidades, pero en realidad lo que ocupa sus pensamientos es el hecho de no contar con recursos propios!
Olvidamos que toda la fuerza de que dispone el creyente brota de la plenitud que reside en Jesús y que, como Pablo, siempre deberíamos tener la capacidad de decir: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2ª Corintios 12:10). Si queremos experimentar el poder que se encuentra en Él, no debemos depositar ninguna confianza en nuestros propios recursos.
Corremos el gran peligro de recurrir a múltiples medios en lugar de confiar en el Señor mismo. Podemos probar todos esos medios, pero la conclusión será que sólo fueron esfuerzos inútiles.
¿Qué vemos en la historia de la Iglesia? Ella fue ayudada maravillosamente hasta hacerse poderosa, y cuando llegó a ser fuerte “su corazón se enalteció”.
Los santos de Corinto, quienes disponían de múltiples recursos por medio de hombres instruidos y sabios, eran propensos a pensar que por su propia sabiduría podían refutar a los paganos; pero, el apóstol les dice: No; vosotros lo podréis hacer únicamente por “la sabiduría de Dios”, la cual para los hombres es “locura”, y por el “poder de Dios”, que es “debilidad” para los hombres.
En el libro de los Hechos, el Espíritu de Dios nos muestra a la Iglesia numéricamente débil, pero ayudada maravillosamente. Por desgracia, muy pronto la Iglesia comenzó a mirarse a sí misma, a apoyarse en sus recursos y a considerar su importancia en lugar de contemplar al Señor.
¿No hallamos en todo esto una enseñanza que debemos recordar? Nuestra bendición ¿no consiste en permanecer en la pequeñez, dejándole a Dios el cuidado de salvaguardar la gloria de su Nombre?
Corremos el serio peligro de decir o de suponer que hemos llegado a ser importantes. El hecho de que el creyente considere su propio honor o su reputación, en lugar de darle el honor que merece el Señor, es una clara señal de decadencia. Lo importante es apegarse al Señor y descansar en él; un ojo simple siempre estará ocupado en la contemplación de Cristo.
Las palabras: “Su corazón se enalteció para su ruina”, referidas en el versículo 16 son muy graves; y en Gálatas 6:8 leemos: “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción.” Si alguien, aun cuando fuera un hijo de Dios, “siembra para la carne”, segará una triste cosecha de corrupción; habrá empleado mal su tiempo.
Prestemos atención a las palabras de las Escrituras, las cuales nos sondean, y no desviemos la punta de la espada, suponiendo que ella no se dirige a nosotros mismos. Tal manera de pensar ha sido la fuente de muchos errores en la Iglesia.
El alma que tiembla ante la Palabra de Dios y deja que ella escudriñe sus caminos, esa prosperará. Un santo puede “sembrar para la carne” o “andar en la carne” o “militar según la carne”, pero así su triste final será lo que leímos: “De la carne segará corrupción.”
Cuando Uzías se hizo poderoso (su fuerza radicaba en sus propios recursos) su corazón se enalteció; fue lo que hizo también el corazón del rey de Babilona (Daniel 4:30), y éste aún más que el de Uzías. Un corazón que se enaltece se encuentra en un estado muy peligroso y, casi siempre, en vísperas de una caída.
Aun cuando Uzías era el rey ungido, no era, sin embargo, un sacerdote ungido; pero, él no admitía en absoluto tener algún límite; “se reveló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para quemar incienso en el altar del incienso”, lo cual no le correspondía hacer pues era una función que les había sido confiada únicamente a los sacerdotes, los hijos de Aarón santificados. Nosotros tenemos que velar para no tomar en nuestras relaciones con el Señor una actitud de familiaridad profana.
Un espíritu humilde está siempre confiado, pero se acerca confiadamente a Dios solamente en virtud de la sangre de Jesús; no va a la presencia de Dios con el atrevimiento que muestra aquel que se enaltece en su corazón. Solamente podemos presentarnos ante Dios mediante el perfume de Jesucristo y no a causa de nuestra propia piedad, de nuestra consagración o de un fervor carnal.
Cuando el sacerdote Azarías y ochenta sacerdotes de Jehová entraron al templo tras Uzías, opusieron resistencia al rey, y le dijeron: “No te será para gloria delante de Jehová” (v. 17-18). “Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso” (v.19).
Amados, la historia del rey Uzías está escrita para nuestra instrucción. Enaltecerse en el corazón es buscarse a sí mismo y no buscar a Dios. Nosotros, ¡bendito sea Dios!, tenemos toda la libertad para entrar en los lugares santos porque somos sacerdotes de Dios, pero no olvidemos que podremos hacerlo siempre y únicamente mediante el perfume de nuestro sumo Sacerdote.
En el capítulo 27, versículo 6, no se menciona un gran ejército de Jotam; leemos que él “se hizo fuerte, porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios”. Éste es el medio para que nuestra fuerza crezca en la práctica.
Así fue para los tesalonicenses: “Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 1:3).
Jotam, en toda su conducta, tenía presente a Jehová. Ante los ojos de los hombres él no era tan poderoso como Uzías, Pero el Espíritu Santo cita su nombre como uno de aquellos que fueron “fuertes” ante los ojos de Dios.

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3 comentarios to “La fuerza del rey Uzías”

  1. nelida said

    me gustaria recibir estos estudios bendiciones

  2. DIOS LES BENDICE EL REINADO DE UZIAS DECIMO REY DE JUDA ES UNA DE LAS HISTORIAS QUE PARECIERA COMENZAR AL REVES,COMIENZA SIENDO UN JOVEN DE TAN SOLAMENTE 16 AÑOS QUE ES PUESTO POR TODO EL PUEBLO DE JUDA A REINAR, Y TAMBIEN DICE LA BIBLIA QUE EL EDIFICO A ELOT Y LA RESTITUYO A JUDA, E HIZO LO RECTO DELANTE DEL SEÑOR, Y EN EL TIEMPO QUE PERSISITIO EN BUSCAR DEL SEÑOR EN DIAS DE ZACARIAS ENTENDIDO EN VISIONES EL SEÑOR LE PROSPERO, LO CIERTO ES QUE DIOS HIZO DE UZIAS UN REY ALTAMENTE PODEROSO, PERO LO CURIOSO ES QUE SI PRESTAMOS SUMA ATENCION JAMAS ENCONTRAMOS UN AGRADECIMIENTO DE UZIAS HACIA DIOS, POR EL CONTRARIO SU CORAZON SE ENALTECIO,SIENDO PARA SU RUINA, ESTO NOS LLEVA LA REFLEXION AMADOS SOMOS AGRADECIDOS A DIOS EN TODO,COMO DICE SU PALABRA QUE ES SU VOLUNTAD…….

  3. Anónimo said

    La clave es buscar a nuestro SEÑOR en todo tiempo, y uzias estaba tan ocupado en sacar a Juda adelante que el tiempo se le pasó, y ademas no se preocupó de los habitantes que siguieron en los lugares altos adorando idolos como con el reinado de su padre, el orgullo y lo peor en nuestras vidad es dejarse gobernar por si mismo eso nos endiosa en realidad. LIbranos SEÑOR .

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